Familia
y la familia…
los muros
Callejeando por el hermoso laberinto de calles de Venecia, descubrí el barrio de Dorsoduro, en donde se ubica una de las mayores bellezas de la ciudad de los canales: la iglesia de San Sebastián, de estilo renacentista. Su exterior es austero, sin grandes materiales ni decorados.
En la parte exterior del muro una chica joven, de unos 25 años, toca guitarra clásica. Unas veinte personas que en ese momento están por la zona permanecen callados ante la interpretación de la artista. Su pelo castaño está adornado por unas interminables rastras y la parte visible de su cuerpo presenta innumerables tatuajes con muy diferentes temáticas y colores. Apoyada en el muro exterior de la Iglesia de San Sebastián consigue levantar una expectación silenciosa por parte de los turistas que allí nos concentramos.
Y accedo a la iglesia de San Sebastián, en donde junto a la tumba de Veronese, unos de los grandes personajes del renacimiento italiano, encuentro a una chica sentada en uno de los bancos laterales. Junto a ella descansa un sombrero que seguro la protegerá del tremendo calor de este agosto; una vez en el interior ha tenido a bien colocarlo en el banco contiguo, por respeto a un lugar sagrado. El silencio del templo invita al recogimiento. Dentro de la iglesia solo se escucha la guitarra de la chica apoyada en el muro exterior.
El aspecto de ambas mujeres es muy diferente.
Y, pienso, posiblemente, responden a dos maneras de vivir. El muro que las divide es de piedra y aun así ambas tienen algo en común: la construcción de un futuro.
Y confío no haya calado en ellas el mensaje de odio sembrado por los mediocres. Confío que las protagonistas puedan todavía sentarse a dialogar entre rastras, tatuajes y sombreros.
Confío en que formen parte de este grupo de chicos y chicas que resisten y se mantienen libres.
Citando al escritor Pérez Reverte deseo “se mantengan erguidos en tiempos de sumisión y cabeza baja. Confío necesiten referentes a los que admirar, nutrirse de libros, cine, ciencia, historia, literatura y cuanto sirva para obtener vitaminas con las que sobrevivir en el paisaje hostil que se avecina”
Los nuevos muros necesitarán de nuevas armas para destruir a los mediocres cobardes que intentan con slogans infantiles separar y enfrentar. Ya no será suficiente un asedio con construcciones bélicas como con lo que Tito asedió Jerusalén en el año 70 después JC.; ahora habrá que sembrar cultura y amor por el pensamiento propio que dará la libertad necesaria para dialogar a las rastras con quién se recoge en la Iglesia a través de la oración; a ambas les dará la libertad para decidir compartir la esperanza de un mundo mejor desde la creencia en el apoyo indispensables de la fe con quién a través de su guitarra apoya sus brazos tatuados en el muro exterior.
“Los ojos para mirar, los ojos para reír, los ojos para llorar ¿valdrán también para ver?” Eduardo Chillida
No recuerdo la fecha.
Ni el lugar.
Recuerdo la imagen: brochazos de diferentes colores que envolvían una mirada, centro y motivo de la belleza del lienzo.
En un museo.
Y hasta el marco del cuadro era intrascendente, elegido de tal manera que no interfiriera en el placer de contemplar la mirada de la que se adivina es una mujer.
No me acuerdo de la fecha ni el lugar, pero fotografié el cuadro y hoy todavía lo conservo en esta caja de recuerdos que es el móvil.
Recientemente me llegó una foto, en la que, en un paisaje desértico, bajo un cielo claro, aparece la figura de una mujer cuya cara está tapada por un pañuelo azul turquesa. Al descubierto solo sus ojos azul verde claro, que dan sentido a una mirada que es el auténtico sentido de la foto.
Y una vez centrada la atención en la mirada, ya resulta imposible alejarse de su contemplación. Brillante e íntima parece invitar a conocer mejor a la persona. La expresividad de la mirada ya nos descubre que bajo el pañuelo que cubre su cara hay una sonrisa.
No se sabe la edad de la mujer; pero se percibe la infinitud en el tiempo de su mirada.
El tiempo va modelando a las personas, incorporando contratiempos en forma de amistades que decepcionan, trabajos fallidos o amores oscuros. Y la historia se repite.
Y es entonces cuando la naturaleza va añadiendo estrategias para disimular la tristeza de aquella amistad fracasada, la decepción del trabajo que no cumplió expectativas o el desconsuelo de aquellas promesas en el querer no cumplidas.
Y la mujer de los ojos verde claro no contará con ese escudo de protección. Su mirada tan abierta dejará desnudas sus tristezas, melancolías y hasta sus indiscreciones.
Son miradas diferentes que surgen de vez en cuando. Son miradas tan bellas que merecen algo más que el cajón de un móvil. Su sitio está en un lienzo, con un marco intrascendente que no interfiera el placer de contemplarla.
8 jul 2026 20:34
y la familia…
7 jul 2026 19:01