la foto

“Los ojos para mirar, los ojos para reír, los ojos para llorar ¿valdrán también para ver?”  Eduardo Chillida

 

No recuerdo la fecha.

Ni el lugar.

Recuerdo la imagen: brochazos de diferentes colores que envolvían una mirada, centro y motivo de la belleza del lienzo.

En un museo.

Y hasta el marco del cuadro era intrascendente, elegido de tal manera que no interfiriera en el placer de contemplar la mirada de la que se adivina es una mujer.

No me acuerdo de la fecha ni el lugar, pero fotografié el cuadro y hoy todavía lo conservo en esta caja de recuerdos que es el móvil.

Recientemente me llegó una foto, en la que, en un paisaje desértico,  bajo un cielo claro, aparece la figura de una mujer cuya cara está tapada por un pañuelo azul turquesa. Al descubierto solo sus ojos azul verde claro, que dan sentido a una mirada que es el auténtico sentido de la foto.

Y una vez centrada la atención en la mirada, ya resulta imposible alejarse de su contemplación. Brillante e íntima parece invitar a conocer mejor a la persona. La expresividad de la mirada ya nos descubre que bajo el pañuelo que cubre su cara hay una sonrisa.

No se sabe la edad de la mujer; pero se percibe la infinitud en el tiempo de su mirada.

El tiempo va modelando a las personas, incorporando contratiempos en forma de amistades que decepcionan, trabajos fallidos o amores oscuros. Y la historia se repite.

Y es entonces cuando la naturaleza va añadiendo estrategias para disimular la tristeza de aquella amistad fracasada, la decepción del trabajo que no cumplió expectativas o el desconsuelo de aquellas promesas en el querer no cumplidas.

Y la mujer de los ojos verde claro no contará con ese escudo de protección. Su mirada tan abierta dejará desnudas sus tristezas, melancolías y hasta sus indiscreciones.

Son miradas diferentes que surgen de vez en cuando. Son miradas tan bellas que merecen algo más que el cajón de un móvil. Su sitio está en un lienzo, con un marco intrascendente que no interfiera el placer de contemplarla.